
¿Te
gustaría disfrutar de estas vistas?
Lo que hoy da más renombre a Camariñas, son los encajes artesanos que allí se confeccionan y/o comercializan (aunque son tradicionales en toda la zona: he conocido y comprado -hace bastantes años- encajes a "palilleiras" de Laxe en sus propias casas y, ahora mismo, pueden adquirirse encajes artesanales en el Estanco de Laxe).
En cualquier caso para los interesados en la artesanía, en Camariñas, hay un museo (un edificio moderno, a la entrada al pueblo, a la derecha) y, ya en el pueblo, en la zona del puerto, bastantes establecimientos dedicados a la venta de encajes.
Pero Camariñas es, sobre todo, un bonito puerto pesquero, al abrigo natural de las nortadas y, gracias a su muelle, igualmente al abrigo de las suradas (su embocadura, mira al Este).


Prosiguiendo con la excursión, empezaremos por buscar el primer vestigio de uno de los naufragios históricos más famosos: el del Serpent . Se trata de una casa, encima del puerto, en la que en una hornacina empotrada en la pared se exhibe oficialmente un viejo barómetro como " El barómetro del Serpent ":
Si nos acercamos y observamos con más cuidado, comprendemos enseguida que, aunque de factura inglesa, no pudo ser el del barco naufragado:
En efecto, aparte del formato, vemos claramente que ostenta sus leyendas (buen tiempo, variable, lluvia, etc.) en castellano.
Pero sí que tiene una relación directa con la tragedia: se trata de uno de los tres regalos (una escopeta con una inscripción de agradecimiento para el cura de la Parroquia de Xaviña -el Sr. Carrera Fábregas, en la vecina aldea de Pedrouso-, un reloj de oro para el alcalde de Camariñas, D. Vicente Pérez, y este barómetro, para la ciudad). Regalos que, por encargo del Almirantazgo Británico y en muestra de agradecimiento a los habitantes de la zona por su valiente y colaboradora actitud durante los hechos, trajo unas semanas después y desde Gibraltar la cañonera Lapwig .
Sin embargo, la leyenda negra explica estos regalos como una malévola excusa para ocultar otra intención: la disimulada búsqueda, junto con otro barco especializado -el Sunfly - de un supuesto segundo cofre -que nunca apareció- lleno de monedas de oro (las famosas "guineas", de 21 chelines, en lugar de los 20 de una libra normal)...
Si continuamos por una carreterilla que asciende al fondo del puerto, nos encontraremos con las ruinas del Castillo Real al que parece que, en el S.XVIII, se enganchaba una cadena que cerraba el paso a la ría, seguramente con la zona de la Playa " de la Barrera " (lo que arrojaría la nada desdeñable longitud de 2 Kms.) o, quizás, a " Punta das Chans " (2.280 mts).
Siguiendo por la misma carreterilla, llegaríamos al Faro de Camariñas, lo que me parece innecesario (las vistas son similares), por lo que retrocederemos hacia el pueblo y tomaremos la carretera que nos llevará al Parque Eólico, a cuyo pié veremos una gran piscifactoría marina y al fondo, el Faro de Cabo Villano. Un consejo: vale la pena detener el coche, salir, y quedarse un rato en silencio bajo cualquiera de estos gigantescos " aerogeneradores "...
Antes de llegar al faro (o bien, a la vuelta tras visitarlo), tomamos la pista que, bordeando la costa, se dirige al Este.
El paisaje es espectacular: una sucesión de playas todavía salvajes reciben, incluso en días tranquilos, las majestuosas olas del mar abierto.
La carretera vira al norte, quedando a nuestra izquierda el faro de Cabo Villano protegido tras el bífido islote rocoso de Villano de Afuera y -bajo el faro, según se ve en la foto-, la Furna de Los Infiernos donde se estrellan las temibles nortadas. Entremedias podemos ver los temibles bajíos y arrecifes de las Galladas, etc.
Finalmente, al llegar a la altura de la Piedra de los Difuntos, la carretera vira al Este y, tras dejar a nuestra izquierda la Ensenada de Lucín, llegamos al Cementerio de Los Ingleses donde reposa la casi totalidad de la tripulación del Serpent -de 175 hombres, solo se salvaron tres: Luxon, Burton y Gould- y, frente al cementerio podremos ver, al fondo, la restinga de La Cagada (una prolongación, agazapada entre las olas, del Cabo Veo).
Al centro de la foto, al fondo, se observa lo que hoy se conoce como "La Gran Duna", una especie de gran tobogán de arena fina, elevada desde la playa del Trece y depositada por el viento en esta ladera.
Para acceder a la Gran Duna, hay que seguir la carretera hasta un sendero que sale a nuestra izquierda (N 43º 10,96 W 9º 08,66), donde dejaremos el coche y seguiremos a pié. Tirarse -con las debidas precauciones- por la Gran Duna, es algo que suele divertir a los más jóvenes... pero, repito: con las debidas precauciones y atención (los pequeños, se excitan y pierden todo control).
Para terminar la excursión, basta con seguir la carretera que nos llevará a Santa Mariña que, tras dejar su cementerio a nuestra derecha quedará a nuestra izquierda, dejar igualmente a nuestra izquierda las dos bifurcaciones que bajan a Arou y a Camelle, para seguir a Ponte do Porto y, desde allí (a la izquierda en el cruce), volver a Laxe.