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D. Manuel Ramos Mesías (1878-1960): el Molino Eólico y la Ermita de Sta. Rosa

 

El Molino y la Ermita

El Molino de Viento de Santa Rosa (1924-1934)

El Molino en 1924 El Molino, hoy

Aunque en el S.XXI, los "generadores eólicos" se hayan puesto de moda en todas partes (pero muy particularmente, en "A Costa da Morte"), lo cierto es que la cosa, en Laxe, viene de antiguo, como demuestra la foto.

Este molino, aunque ya desprovisto de su maquinaria y su tejado subsiste aún hoy, no muy lejos de la Ermita de Santa Rosa, de historia curiosamente vinculada al molino.

En todo caso, la vista que desde ambos sitios se contempla, justifica su visita.

Vista desde Santa Rosa

Pero, conocer la historia del molino, y de la Ermita, es igualmente interesante.

D. Manuel Ramos Mesías (1878-1960), artesano-carpintero integral (de ribera -obra naval-, "de obra de afuera" -armazones para edificios- y "de blanco", es decir, trabajos finos: de muebles, etc. e, incluso,... ¡¡de dentaduras!!) y hombre emprendedor e imaginativo, legó a la Villa de Laxe estos dos pequeños y dispares monumentos (industrial y religioso) a la historia de Laxe.

El primero de ellos -el molino- demuestra la imaginación y creatividad del personaje: supone una auténtica curiosidad, ejemplar, en lo que hoy se denomina "historia industrial" o económica, pues la costumbre o tradición en la zona eran los molinos -para el grano o los batanes para los paños- de agua (de los que, en mejor o peor estado, quedan aún docenas de vestigios en cualquiera de los riachuelos de la zona, destacando las instalaciones del Batán del Mosquetín). Don Manuel, adelantándose un siglo y sin ayudas -económicas o técnicas- de nadie a las conclusiones de la más avanzada ingeniería del S. XXI, adelantándose a la realidad que hoy vemos por doquier en la zona, percibió que en la "Costa da Morte" había un recurso desaprovechado: el viento.

No se trata, por supuesto, de pretender que D. Manuel descubriera o inventara nada; el molino de viento existía y se usaba, como cualquiera sabe, desde mucho antes.

Pero no en Galicia, o al menos nadie -que sepamos- en esta zona, hasta que D. Manuel, se percató de esta posibilidad... y la puso en práctica.

El molino de viento -que, es evidente, no responde a los arquetipos más conocidos (el manchego, o el holandés)- funcionó durante diez años (1924-1934) hasta que la inesperada llegada de la electricidad determinó su sustitución por otro eléctrico (que, naturalmente, instaló y explotó D. Manuel).

Lo que hoy vemos es la obra fija (paramentos verticales) del molino, en piedra labrada por canteros de Soesto y cubierta -ya en origen, y contra lo que cualquiera pensaría- de cemento (muy finamente trabajado, una habilidad constructiva peculiar de la zona). El tejado (giratorio) y la maquinaria (engranajes, etc.) fueron obra artesana en madera -y sin basarse en planos ajenos- de D. Manuel, ingeniero práctico y autodidacta quien, junto al molino, mandó construir una dependencia aneja para las mulas que transportaban el grano o la harina y para el molinero que allí pernoctaba a fin de vigilar los cambios de viento durante la molienda.

Al perder su función las instalaciones, D. Manuel utilizó la piedra de la dependencia del molinero para la construcción de la cercana Ermita de Santa Rosa.

La ermita de Santa Rosa

 

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